miércoles, 8 de mayo de 2013

EL PORTAL OLVIDADO



Por Héctor Alfaro


A poco más de 2 mil kilómetros de distancia de la capital, donde cada verano se reúnen los herederos de toda la cultura altiplánica, sea cual sea su procedencia territorial, se encuentra la afamada ciudad de la eterna primavera -que de famosa en estos momentos, solo tiene su característica limítrofe-.
Arica, que durante sus años mozos, aquellos donde la vida era buena y el trabajo que iba de la mano con las sonrisas nortinas y morenas, llegaba gracias a su puerto libre. Hoy es un lánguido y multicultural purgatorio en medio de dos tierras carnavalescas, zambas y lo más importante... comerciales, altamente comerciales.

Es curioso percatarse que la sede internacional del Carnaval del Sol sea un tranquilo sector costero con clima paradisiaco y con cálidas playas acompañadas de estacionamientos gratis y olas dignas de cualquier película californiana, pero que cada año se acrecienta en el olvido. Desde que su única fuente laboral a gran escala se fuera agotando lentamente a fines de los años 70´, los  ariqueños han sabido vivir a base de un comercio local que muy distinto es de los grandes centros comerciales de los que se sostienen sus vecinos directos, al norte y sur de sus fronteras, y ni siquiera imaginarnos en comparar la modesta y limitada forma de hacer comercio de los hijos de Papa Inti,  con los apoteósicos y pornográficos malls que albergan gran parte del país. No, el comercio ariqueño es tranquilo, humilde como sus calles y alegre y moreno como sus habitantes -y lleno de “cholitos” que acompañan las jornadas en el centro de la ciudad-. Basado principalmente en galerías comerciales -nombre que se dan a sí mismas para sonar un poco más entretenidas- que básicamente son ferias donde puedes encontrar toda clase de ropa y accesorios traídos directamente desde el Perú o de nuestros vecinos bolivianos, que tan coléricos se encuentran por las egoístas negativas a sus reclamos marítimos.

Lana de llamito y alpaco que abrigan tus patitas por solo 1500 pesos -y te llevas 3 pares si le haces un regateo a la casera-. Y un montón de juguetes y chucherías que a simple vista parecen originales traídos de grandes tiendas gringas pero que al ojear un poco más detenidamente, lograrás notar que se tratan de nada más y nada menos que la mejor imitación de tus marcas favoritas.



Por supuesto que Arica no se ha salvado de toda la parafernalia globalizadora. El punto de encuentro juvenil más conocido es el “Mcdonald” y por lo menos hay unas tres o cuatro multinacionales, sedes pequeñitas eso sí, pero las hay.

Algo curioso sucede con estas tiendas filiales de Cencosud, y es que la gente no suele comprar mucho en ellas, claramente para fechas en donde reina el consumismo y los bonos de trabajo siempre se llenarán esos espacios, pero en el transcurso normal del año, son pocos los que se llevan un televisor de plasma o una bufanda de 40 mil pesos.


La explicación a este fenómeno es simple y explica a la vez el porque ninguna empresa o cadena de tiendas ha querido poner sus diabólicos aposentos en la puerta norte de Chile.
Los ariqueños no compran en Arica, los ariqueños no producen en Arica y los ariqueños no venden en Arica. Si usted es nacido y criado en la tierra de Américo - Sí, el cantante, es ariqueño de tomo y lomo. Si no lo sabía échele una mirada a su carita aymara y su piel tostada. - podrá entender las siguientes líneas y asentir con una sonrisa cómplice al ritmo de su lectura. Cuando los  “Bravos del Morro” quieren comprar útiles escolares al por mayor, ropa estilosa y con garantía de durabilidad, películas en ultra alta definición, cartones de cigarros nacionales, importados y hasta de lujo, ropa a la medida, publicidad para sus tiendas o negocios, buzos escolares, confeccionar uniformes de su equipo de fútbol del barrio, hacer el logo de su empresa, libros, alcohol, chocolates, porno, cositas hippies, ir al doctor, al dentista, a la óptica, o pasar un día en familia comprando y comiendo menús grandes y baratos, toman una micro, la ocho, se bajan en el terminal de buses “internacional” y al traspasar un portal  viajan por el tiempo a los años 80´ chilenos -sólo en un sentido estético, claramente.- y  a un simpático territorio que se transforma en una especie de utópico terreno donde chilenos, peruanos y bolivianos parecieran vivir durante esos minutos bajo otra jurisdicción y nacionalidad. El terminal internacional de buses de Arica parece otro país por alguna extraña razón. Al llegar, compran un boleto de bus -que generalmente es una van grande y antigua o un taxi, que suele ser un auto en el que mágicamente alcanzan 6 pasajeros mas el piloto- llevan su platita, su carnet, y viajan 25 minutos en dirección norte, se bajan de su transporte, hacen el papeleo migratorio chileno, viajan 10 minutos, hacen el papeleo migratorio peruano, viajan 20 minutos y llegan a su destino: Tacna, Perú.
En total el viaje dura una hora aproximadamente, si se tiene suerte y no está repleto de turistas, peruanos, chilenos, bolivianos y traficantes. Dato curioso, si no existiera ningún paso fronterizo el viaje duraría aproximadamente 35 minutos -mucho menos que ir desde el campus Juan Gómez Millas hasta Torre 15 para realizar algún trámite de rutina-.
Otra historia es la de viajar al sur -desde un punto de vista ariqueño, claro. Es un recorrido de aproximadamente 4 horas, donde el desierto, los cerros y rocas forman parte de un monótono pero místico paisaje. El viaje a la ciudad de Iquique suele tener motivos específicos para un ariqueño, entre los que se destacan la compra de productos electrodomésticos de marcas caras a precios baratos, autos usados o cero kilómetro de todas las marcas y modelos a precios mucho más convenientes que en cualquier otra parte del país, y cosas grandes en general. Gracias a la Zona Franca de Iquique o Zofri.
Entre las dos ciudades del extremo norte de Chile siempre ha existido una linda rivalidad. Iquiqueños y ariqueños suelen defender a muerte sus respectivas tierras natales alegando tener las chicas mas lindas, las playas más cálidas y los vecinos más agradables. Cuando el fútbol es lo que está en juego no hay quien llegue a una tregua. Los “Dragones” (Deportes Iquique) y los “Celestes” (Deportes San Marcos de Arica) suelen entrar en debates a veces más férvidos que de cualquier “albo” o “chuncho”.
Otro factor importante es el hecho de que Iquique ha crecido de manera ostentosa estos últimos años gracias a la gran cantidad de mineras que están insertas en el interior de su región, lo que da pie a que muchos ariqueños terminen trabajando en las minas que explotan el cobre necesario para sustentar al país entero. Turnos de 7x7, turnos de 4x4, turnos de 10x15, etc. Muchas familias ariqueñas saben bien, tener a su viejo trabajando una semana fuera de la ciudad y la otra visitando a la familia, así se vive en el norte. Siempre ha sido así, solo cambia el mineral de explotación a través de los años. Pero la vida nortina es así, el viejo trabajando bajo el sol en pleno desierto con monstruosas máquinas extractoras de roca y la familia viviendo.

La ciudad de Arica tiene sus tesoritos. Bien conocido es su imponente morro besado por el mar, la catedral de San Marcos construida en 1876 por los talleres de Gustave Eiffel -Sí, el mismo de la torre en Francia-, y el Casino de Arica, que debe ser uno de los pocos casinos en el país que no es filial de los gigantes Enjoy o Dreams. También en la ciudad se encuentran las momias más antiguas del mundo pertenecientes a la cultura chinchorro, si quiere ver estas verdaderas joyas de la historia debe dirigirse al Museo Antropológico y Arqueológico de San Miguel de Azapa. Hablando de la cultura Chinchorro, existe una playa que tiene el mismo nombre y que suele ser sede de los campeonatos de Surf más importantes del mundo como
el Campeonato Internacional de Surf Arica Big Buey y el WCT Rip Curl Pro Search Arica Chile. También la ciudad produce las mejores aceitunas que alguna vez ha probado quien escribe. Las aceitunas del Valle de Azapa son un manjar digno de los dioses -al menos los dioses Aymaras-.
El imponente Morro del que todos hablan (?)

Arica tal vez no sea un gran exponente comercial, tal vez no sea una moderna y extremadamente turística ciudad -aunque si llegan turistas y muchos-, pero esa es la gracia del portal nortino del país. El desierto, las palmeras, las playas, el viento marino, las noches cálidas, las presencias tutelares, las culturas, los extranjeros, los valles y su gente, son la prueba más grande de que en esta ciudad nunca, jamás, se atreverá a poner un pie ningún Mall o minera explotadora, porque Arica no lo necesita. Arica sobrevive al smog, al estrés, al taco eterno, al cemento. Los suicidios en arica suelen ser siempre historias de amor y desamor, de locura o de drogas, pero jamás por desesperanza, jamás por no poder soportar un día más viviendo en la ciudad. Esta ciudad con alma de pueblo está orgullosa de lo que tiene, de sus hijos y abuelos. Y el problema es que Chile se lo está farreando y los de afuera se están dando cuenta hace tiempo de eso.

jueves, 2 de mayo de 2013

No me voy a bajar de la micro



Por Héctor Alfaro


La vida urbana en la capital de Chile suele ser rítmica una vez que te familiarizas con sus reglas y horarios. Todo aquel que lleve un buen tiempo viviendo aquí sabrá que hay ciertas horas del día en las que es prácticamente una guerra campal el tratar de llegar a casa con los medios de transporte público. Por alguna razón a todas las instituciones de la ciudad se les ocurre terminar sus actividades entre las 6 y las 8 de la tarde.
Siguiendo esta lógica, es preferible viajar un poco antes o después a ser asfixiado por el mar de gente que se encuentra en la misma situación que tu. Por eso mismo fue que con mi novia decidimos tomar una micro en dirección a Macul con Escuela Agrícola a eso de las 5 PM. Todo parecía normal, la gente, los olores, los gritos, el desinterés de los unos por los otros, la inexorable sensación de estrés dentro del dragón verde que viaja a velocidades cuestionablemente legales, el calor, la ya colateral actitud defensiva ante los potenciales lanzas acechando tus bolsillos y las enormes ganas de llegar a casa. El conductor de la micro 104 del transantiago, no imaginaba la incómoda situación a la que tendría que enfrentarse esa tarde.
La gigantesca máquina iba parcialmente llena de pasajeros, cosa normal para todos los presentes. Los pasajeros eran ciudadanos comunes, en un viaje común, dentro de un contexto común. Señoras con aires pinochetistas, jóvenes brindando el concierto más espectacular a los imaginarios fans de su mente, niños observadores, señores de corbata y en fin, gente.
Pero, en el paradero de la calle Los Plátanos, sucedió algo digno de un cortometraje, ¿el género? dependiendo de su criterio podría ser drama o comedia.
Yo estaba divirtiéndome con mi chica favorita cuando de repente notamos que al final de la micro comenzó a formarse un pequeño tumulto de pasajeros alrededor de un asiento -”!Señor pare la micro, este caballero tiene un ataque!” dijo desesperada una muchacha. Todas las cabezas giraron al unísono. Efectivamente allí, en la tercera fila de los asientos traseros de la micro, en el asiento derecho que daba con el estrecho pasillo del vehículo, un señor de mediana edad estaba convulsionando y vomitando espuma de su boca. Era una auténtica escena de Doctor Hause, solo que esta vez nadie podía decir “corte, se queda”.
Todos estábamos alterados, nadie sabía qué rayos hacer -”!¿Alguien aquí es doctor?!” gritaba la muchacha que dio el primer aviso, -“!Pare la micro señor, este hombre se va a morir!” reprochaba un caballero con tenida casual al conductor, -”! Déjenlo tranquilo, no lo muevan!” decía muy asustada una señora, -“Señor, si paro la micro a mi me quitan la pega” dijo con voz tiritona el conductor. “ Por la chucha, Flo llama una ambulancia” le dije alterado a mi polola, ella buscaba el teléfono desesperada al mismo tiempo que muchos otros ahí dentro. Y de la nada apareció un hombre bajito, bien peinado, con cara de ser muy noble y un maletín negro que corrió hacia el tipo que se estaba muriendo. Desde lejos notamos todos como lo atendía, le aflojó la camisa, le midió el ritmo cardiaco e hizo un montón de movimientos para-médicos que eran indescifrables desde la posición en la que me encontraba. Increíblemente, como si alguien hubiese escrito el guión de esa tarde, iba un doctor dentro de la micro. -“Ya se calmó” exclamó aliviado este héroe anónimo, se acercó al conductor y le pidió que lo llevara al hospital más cercano, todos reprochaban y gritaban al chofer que dejara su “egoísmo” de lado y llevaran al moribundo a urgencias. Sin muchas opciones trasladó la micro por una calle donde a duras penas cabía la monstruosa maquinaria, -“ Por esta calle”, -”Se pasó”, “Doble aquí” gritaban en discordancia todos los que aseguraban conocer el camino correcto. Milagrosamente el micrero llegó al hospital, el pequeño salvavidas , bajo corriendo a decirle a sus colegas que había una urgencia estacionada afuera del hospital, pasaron los minutos y aparecieron dos hombres de blanco con una camilla. Pero dentro del desconcierto nadie notó que el afectado ya se había recuperado y que respiraba tranquilo. Cuando los para-médicos subieron a la micro para llevarse a este señor, dijo algo que nos hizo pensar a todos que estábamos dentro de uno de esos programas de “Gags” y que en cualquier momento aparecerían las cámaras y el animador diciendo que todo era una broma. -”No, yo no voy a ninguna parte me quedo aquí”. A punta se súplicas que de a poco fueron transformándose en reproches e insultos la gente le decía que tenía que bajarse y atenderse, que el conductor perdería su trabajo por su culpa y que todos estaban perdiendo el tiempo gracias a su terca actitud. -”Enotonces si le da otro ataque se va a tener que morir nomás, porque el resto de nosotros nos tenemos que ir” dijo indignada una señora. “- Ya dije que no me voy a bajar” dijo tajante el señor del ataque.


Todos se miraban, nadie sabia que hacer nuevamente, el hombre que le salvó la vida conversó con él tranquilamente pero sin éxito. Nadie logró convencerlo de nada, el hombre seguía ahí sentado, como si nunca hubiese pasado nada. Fue cuando alcancé a escuchar la respuesta que me dejó más desconcertado que todo lo que había pasado hasta ese entonces, y fue cuando entendí que para algunos es preferible tentar a la suerte con otro ataque que ser atendido en un policlínico. -” NO, no voy a bajar, no iré al hospital señor. Vengo llegando de otro hospital y me dieron remedios que no puedo comprar, estuve esperando desde la mañana que me atendieran y no tengo plata ni para tomar otra micro de vuelta. No tengo plata, no voy a bajar, ya fui al médico y he ido un montón de veces más.” decía con una determinación increíble.
Después de esas declaraciones todo lo demás importó realmente un carajo. No despidieron al conductor, los para-médicos se lavaron las manos diciendo que no podían obligarlo a bajar, los demás pasajeros retomaron su viaje a casa balbuceando improperios que se ganó el señor por no irse al hospital y hacerlos perder tiempo, por no tener plata. El héroe se bajó dos paraderos más adelante con una mirada satisfactoria, sabia que hizo todo lo que tenía que hacer. Y el señor que casi se nos muere en la micro no se movió de su asiento. Espero que haya vuelto a su casa y aun siga con vida.